Abigarreto
por Amado Izaguirre
Abigarreto tiene tres entradas que también son salidas, el camino mas viejo pasa por puentes arruinados y se encarama hasta las lomas de los recuerdos, desde ahí se miran a campo abierto los tejados del caserío y entre ellos algunos chacuacos en labor; los campanarios albergan palomas de ojos colorados y entre las frondas de las plazuelas aparecen balcones distantes, a semejanza de centinelas adormilados; de una callada, han tomado el agua que corre por canales de cal y canto hasta llegar a las fuentesillas de las esquinas donde los borrachos se reaniman y curan sus desesperaciones; las calles son de piedra sembradas en tierra y existen algunas atarjeas con lozas labradas; abajo corren de siempre las aguas jabonosas de los quehaceres. La calle mas respetada es la Real, por ésta pasan los desfiles cívicos acompañados con destemplados toques marciales; también las procesiones grandes y menores, los casamientos en comitiva y los entierros desiguales, las otras calles tienen mas yerbas que calzada por eso se permite que saquen petates para procesar semillas o asolear las vestimentas diarias aún con las consecuencias del constante paso de los corderos, cabras y bestias de machero.
Por estas calles transitan los habitantes y se saludan como convenga algunos entienden las rechiflas y las aluciones de los localismos.
Las fiestas más grandes son las patronales y en cuestiones de fé las de vigília; en el templo los encargados sirven ·hasta sus muertes y hacen por años lo más prudente en su entendimiento; los ricos son pocos no más de diez han cruzado los mares distantes, muchos sufren de mortificaciones por sus terquedades y no permiten a sus mujeres autoridad personal, éstas casi nunca salen en cuerpo, mas bien cuidan a las hijas que rejillan pañuelos o experimentan en los olores de la cocina; los hombres jovenes manejan caballos y responden por las cosas del campo, gustan de los toros, tocar guitarra y buscar a los viejos de las esquinas, ‘para platicar experiencias comunitarias; las visitas mas esperadas son los obispos
y gobernadores, a los primeros los agasajan con chocolate y pan de yema en comidas fuertes ofrecen principio de pollo, mole blanco o escabeches, también cocidos con asafrán o asados suaves, para tomar presentan vinos secos, limonadas o licores prudentes, a los políticos les preparan pulque curado, frituras de cerdo, barbacoa de tenate o mole de fiesta con unos antes de chiles rellenos y frijoles chinos.
En el pueblo la gente se conoce bien; los más son indígenas y llevan en sus rostros y costumbres la fuerza de su raza, otros son mestizados y mas contados a quienes llaman de razón, pero todos mezclan sus quehaceres y participan de las generalidades.
Los años han dictado disposiciones que se cuentan como anécdotas, hay casas con inscripciones poéticas y recuerdos de personajes míticos; hubo mujeres que murieron enlutadas y respuestas que se convirtieron en refranes, el carácter se vincula con las heredades y las tribulaciones con las
enfermedades, los quehaceres son de jornal donde nunca descansan los ordeñadores; quienes salen del pueblo son recordados con respeto y sus descendientes admitidos con cariño; mas los resentimientos quitan la tranquilidad pues también son parte del caserío; caserío donde han vivido arrepentidos o muertos los temerosos; caserío muy cerca de las nubes donde se juega con la neblina mientras pasan los
años lentamente quedando al fín secuelas de todos los tiempos patinadas con esnlerada largueza.
